Biografía

La explosión en juveniles

Una dura adaptación... y los problemas

2004, el año de la consagración

Europeos y Mundial

La temporada 2005 y el futuro

Aunque soy el benjamín del equipo, lo mío con el ciclismo viene ya de lejos. Fue a los ocho años cuando decidí que darle a los pedales era lo que más me llamaba. Hasta entonces había probado con la pelota, el fútbol o el atletismo, pero la bicicleta era lo que más me gustaba. Mi familia tenía mucha relación con Pablo Jiménez, el presidente del Club Ciclista Burunda, y él fue quien acabó de introducirme en este mundillo. Pablo fue además, la persona que me regaló mi primera bicicleta, una bici casi más grande que yo y con los cables de freno por fuera, pero con la que competí en mis primeras carreras.
Desde el principio vi que la cosa se me daba bien, y en los seis años que estuve en escuelas –la mayoría compaginándolos con la pelota y el fútbol-, conseguí 16 victorias, todas en las carreras en línea, porque lo de las gymkhanas no era lo mío. Los recuerdos de aquella época son excelentes, siempre con el bocadillo y las latas de coca-cola como compañeros inseparables en las carreras.

El paso a cadetes –en el Citroën-San Miguel, también del C.C. Burunda-, se me hizo al principio un tanto cuesta arriba, aunque remonté el vuelo en el segundo año en la categoría, en el que ya conseguí seis triunfos, que me sirvieron para ir seleccionado por Navarra a los Campeonatos de España de Jerez, donde terminé 10º.

La explosión en juveniles

Tocaba después el paso a juveniles, donde la cosa ya iba más en serio y había que entrenar bastante más. El rendimiento que tuve en aquellos dos años en las filas del Mapfre Seguros fue excelente. El primer año me llevé el Campeonato de Euskadi y una etapa de la Vuelta a Pamplona, donde fui el mejor júnior de primer año. Pero nada comparado con la temporada siguiente, en la que anduve muchísimo. De las 40 pruebas que corrí, en 35 acabé entre los diez primeros. Gané nueve carreras, doce premios de la montaña, y vestí por primera vez el maillot de la selección española en la Vuelta a Valladolid, donde fui 9º en la general.

Con ese bagaje, las miras para el futuro estaban muy altas. En el mes de julio, Óscar Guerrero ya me llamó para ofrecerme un plan de tres años para que me fuera haciendo sin prisas a la categoría amateur e ir poco a poco progresando. No me lo pensé mucho, porque había estado toda la vida en el Burunda, y además el Caja Rural era el equipo en el que todos los juveniles navarros querían correr.


Una dura adaptación… y los problemas

El primer año en aficionados no salió excesivamente bien. Vienes de estar disputando todo en júniors y cuesta un poco amoldarse a la nueva situación. Además, ese año me marché a estudiar IVEF a Vitoria –ahora estoy en el tercer curso- y no hice las cosas del todo bien. Me descuidé un poco y eso se paga. A partir de verano la cosa se fue arreglando y Óscar incluso me llevó a dos vueltas: Zamora y Cantabria, en las que acabé bastante fresco. En Zamora pasé mi peor día sobre la bici, el día que se subía el Escudero, un puerto durísimo. Me quedé muy pronto y casi iba llorando sobre la bici. Nunca se me olvidará cuando Óscar pasó con el coche, bajó la ventanilla y me dijo: “Te espero en meta”. Aquello era igual que decir que no tenía opción de retirarme, o sea que el sufrimiento continuó muchísimos kilómetros. Sólo un día después, hice 9º en la etapa reina.

Todo eso me dio moral y empecé el segundo año con mucha ilusión. Más aún cuando el inicio de la temporada no pudo ser mejor. Habíamos planificado estar bien en el Torneo Lehendakari, y desde las primeras carreras demostré que, junto a Aitor Hernández, era el ciclista más fuerte. En mayo ya me puse líder, pero en julio tuve un accidente de moto en Alsasua, se me cayó la moto encima de la rodilla y me dañó el cartílago. Estuve cuatro meses sin tocar la bici. Fue un palo psicológico tremendo, porque se echó a perder la temporada.

Eso me sirvió para empezar con muchas ansias, demasiadas quizá, la tercera temporada en la categoría. Entrené mucho en invierno y en las primeras carreras estaba fortísimo, pero la forma apenas me duró tres semanas. Además, empezaron mis problemas con las alergias y estuve tres meses sin levantar cabeza. Siempre he sido muy meticuloso con los entrenamientos, pero entonces veía que quería y no podía. Iba todo el día arrastrado. Una tarde fui a casa de Óscar Guerrero y le dije que lo dejaba, que no quería sufrir más, que no aguantaba más estar en esta situación, Entre él, mi familia, y mis compañeros de grupeta (Verdugo, Egoi Martínez, Iker Flores, Urtasun…) me convencieron para que no arrojara la toalla cuando no veía la salida de aquel tunel.
Entonces comencé a trabajar con un psicólogo deportivo, Luis Astrain, con quien todavía sigo, y que fue fundamental para recuperarme. Me hizo volver a creer en mí mismo, porque yo había perdido ya la confianza en mi capacidad. Afortunadamente, el tema de las alergias se fue arreglando, y ese año aún pude ser tercero en el Campeonato de Navarra, lo que me valió llevarme el título sub-23.

2004, el año de la consagración

Así las cosas, 2004 se presentaba como el año definitivo. Si seguía con los problemas de salud, dejaba la bici. Cambié un poco el método de entrenamiento, e hice más gimnasio y más volumen de entrenamiento. Los resultados llegaron desde el principio. En la primera carrera ya me vestí el maillot de líder sub-23 del Euskaldun, y verme allí me dio mucha moral. Estaba siempre delante y a final de marzo llegó mi día más feliz como ciclista, mi primera victoria en aficionados, y en toda una Subida a Gorla. Fue un triunfo épico, por las condiciones climatológicas, en un día infernal de frío y nieve. La carrera se acortó a sólo 40 kilómetros, pero desde abajo del puerto ya tenía la seguridad de que iba a ganar. Llegué con dos alfus, Ismael Esteban y David Pérez, y les gané al sprint. Las sensaciones que sentí al volver a levantar los brazos no se me olvidarán jamás.

Tras aquel triunfo, todavía fui más hacia arriba. Gané la Vuelta a Córdoba, una etapa en la Vuelta al Bidasoa -donde acabé 4º en la general-, y luego el Campeonato de Euskadi contrarreloj. En los Campeonatos de España no estuve mal (8º en la crono, 17º en la ruta), pero ya notaba los síntomas de lo que creía era un resfriado, que unido a las alergias se complicó hasta el punto de obligarme a parar antes de la Bira. Me encontraba mal y fueron unos momentos horribles. Veía que era mi año, que se podía estropear y que no podía hacer nada por evitarlo. Me presionaba mucho a mí mismo y forzaba la recuperación. Lo pasé muy mal aquel mes de julio.

Europeos y Mundial

Una vez recuperado empecé a preparar el Europeo de Estonia. Pese al parón que había tenido, entrené bien y llegué en buena forma a la cita. Me encontré muy bien en carrera, pero una caída me dejó sin opciones. A la vuelta de Estonia, comencé a pensar en los Mundiales, pero en las tres primeras carreras que corrí en Euskadi me fui al suelo. Eso hizo retrasar otra vez mi puesta a punto, pero en septiembre conseguí un buen estado. El seleccionador nos concentró en Segovia para decidir el quinteto del Mundial, y ahí me gané un puesto. Anduve mucho aquellos días y conseguí entrar en el quinteto que completaron Gilmartín, Antón, Redondo y Rojas. Sabía que no estaba como al principio de año, pero acudí a Verona con la intención de estar delante.

Pero las cosas aquel día no salieron bien. Desde la salida no tuve buenas sensaciones y vi que no era mi día. Me escapé en las primeras vueltas para comprobar si solo era una cuestión pasajera, pero la cosa no mejoró. Nos cazaron a mitad de carrera y poco después me retiré. Regresé muy desilusionado, porque sentía que no había respondido a la confianza que habían depositado en mí.

Afortunadamente, Óscar Guerrero me tranquilizó y me dijo que no me preocupara, que al año siguiente sería profesional. Le estoy agradecidísimo por cómo me ha tratado todos estos años. Algún día espero corresponder a la apuesta personal que siempre ha hecho conmigo.

Conseguido mi primer sueño, ahora toca trabajar para ser un buen ciclista. Mi objetivo es conseguir estar en profesionales el mayor tiempo posible. Estar bien valorado en el pelotón e ir definiéndome como corredor. En pros, ser completo no sirve de mucho, y creo que en el futuro puedo llegar a disputar las vueltas pequeñas. Aunque me gustan mucho las clásicas, por mi regularidad pienso que ahí puede estar mi futuro.

La temporada 2005 y el futuro

La verdad es que el balance de mi primera campaña profesional es, para mí, muy positivo. Al principio, siempre te impacta un poco la categoría, pero poco a poco me fui aclimatando conforme avanzaba la temporada y tuve la ocasión de disfrutar en Vueltas como La Rioja o Castilla y León, o en algunas de las clásicas franco-belgas de final de temporada. Esos días te ves cerca de la gente que disputa y eso es lo que más te motiva para trabajar de cara al futuro, para conseguir ser algún día el que esté disputando esas carreras.

Aunque lo cierto es que el mero hecho de estar en un pelotón profesional ya es motivo de orgullo después de tantos años soñando con ello. Todo eso hizo que para mí 2005 fuera, sobre todo, un año para disfrutar; aunque también pasé días muy, muy malos a causa de las malditas alergias. Ojalá que no me den mucho la lata en este 2006, porque es una temporada en la que me gustaría dar un paso hacia delante. Sé que es muy complicado, pero creo que puedo disputar alguna etapa o luchar por entrar en los top-ten de las generales de las vueltas de cinco días. Es un reto difícil y sé que va a costar mucho, mucho trabajo, pero de eso ya me encargo yo.


   
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