Una dura adaptación... y los problemas
2004, el año de la consagración
| Aunque soy el benjamín del equipo, lo mío con
el ciclismo viene ya de lejos. Fue a los ocho años cuando decidí
que darle a los pedales era lo que más me llamaba. Hasta entonces
había probado con la pelota, el fútbol o el atletismo, pero
la bicicleta era lo que más me gustaba. Mi familia tenía mucha
relación con Pablo Jiménez, el presidente del Club Ciclista
Burunda, y él fue quien acabó de introducirme en este mundillo.
Pablo fue además, la persona que me regaló mi primera bicicleta,
una bici casi más grande que yo y con los cables de freno por fuera,
pero con la que competí en mis primeras carreras. Desde el principio vi que la cosa se me daba bien, y en los seis años que estuve en escuelas –la mayoría compaginándolos con la pelota y el fútbol-, conseguí 16 victorias, todas en las carreras en línea, porque lo de las gymkhanas no era lo mío. Los recuerdos de aquella época son excelentes, siempre con el bocadillo y las latas de coca-cola como compañeros inseparables en las carreras. El paso a cadetes –en el Citroën-San Miguel, también
del C.C. Burunda-, se me hizo al principio un tanto cuesta arriba, aunque
remonté el vuelo en el segundo año en la categoría,
en el que ya conseguí seis triunfos, que me sirvieron para ir seleccionado
por Navarra a los Campeonatos de España de Jerez, donde terminé
10º. |
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La explosión en juveniles
Tocaba después el paso a juveniles, donde la cosa ya iba más en serio y había que entrenar bastante más. El rendimiento que tuve en aquellos dos años en las filas del Mapfre Seguros fue excelente. El primer año me llevé el Campeonato de Euskadi y una etapa de la Vuelta a Pamplona, donde fui el mejor júnior de primer año. Pero nada comparado con la temporada siguiente, en la que anduve muchísimo. De las 40 pruebas que corrí, en 35 acabé entre los diez primeros. Gané nueve carreras, doce premios de la montaña, y vestí por primera vez el maillot de la selección española en la Vuelta a Valladolid, donde fui 9º en la general. Con ese bagaje, las miras para el futuro estaban muy altas. En el mes de julio, Óscar Guerrero ya me llamó para ofrecerme un plan de tres años para que me fuera haciendo sin prisas a la categoría amateur e ir poco a poco progresando. No me lo pensé mucho, porque había estado toda la vida en el Burunda, y además el Caja Rural era el equipo en el que todos los juveniles navarros querían correr.
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| Una dura adaptación… y los problemas
El primer año en aficionados no salió excesivamente bien. Vienes de estar disputando todo en júniors y cuesta un poco amoldarse a la nueva situación. Además, ese año me marché a estudiar IVEF a Vitoria –ahora estoy en el tercer curso- y no hice las cosas del todo bien. Me descuidé un poco y eso se paga. A partir de verano la cosa se fue arreglando y Óscar incluso me llevó a dos vueltas: Zamora y Cantabria, en las que acabé bastante fresco. En Zamora pasé mi peor día sobre la bici, el día que se subía el Escudero, un puerto durísimo. Me quedé muy pronto y casi iba llorando sobre la bici. Nunca se me olvidará cuando Óscar pasó con el coche, bajó la ventanilla y me dijo: “Te espero en meta”. Aquello era igual que decir que no tenía opción de retirarme, o sea que el sufrimiento continuó muchísimos kilómetros. Sólo un día después, hice 9º en la etapa reina. Todo eso me dio moral y empecé el segundo año con mucha ilusión. Más aún cuando el inicio de la temporada no pudo ser mejor. Habíamos planificado estar bien en el Torneo Lehendakari, y desde las primeras carreras demostré que, junto a Aitor Hernández, era el ciclista más fuerte. En mayo ya me puse líder, pero en julio tuve un accidente de moto en Alsasua, se me cayó la moto encima de la rodilla y me dañó el cartílago. Estuve cuatro meses sin tocar la bici. Fue un palo psicológico tremendo, porque se echó a perder la temporada. Eso me sirvió para empezar con muchas ansias, demasiadas quizá,
la tercera temporada en la categoría. Entrené mucho en invierno
y en las primeras carreras estaba fortísimo, pero la forma apenas
me duró tres semanas. Además, empezaron mis problemas con
las alergias y estuve tres meses sin levantar cabeza. Siempre he sido
muy meticuloso con los entrenamientos, pero entonces veía que quería
y no podía. Iba todo el día arrastrado. Una tarde fui a
casa de Óscar Guerrero y le dije que lo dejaba, que no quería
sufrir más, que no aguantaba más estar en esta situación,
Entre él, mi familia, y mis compañeros de grupeta (Verdugo,
Egoi Martínez, Iker Flores, Urtasun…) me convencieron para
que no arrojara la toalla cuando no veía la salida de aquel tunel.
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2004, el año de la consagración
Así
las cosas, 2004 se presentaba como el año definitivo. Si seguía
con los problemas de salud, dejaba la bici. Cambié un poco el método
de entrenamiento, e hice más gimnasio y más volumen de entrenamiento.
Los resultados llegaron desde el principio. En la primera carrera ya me
vestí el maillot de líder sub-23 del Euskaldun, y verme
allí me dio mucha moral. Estaba siempre delante y a final de marzo
llegó mi día más feliz como ciclista, mi primera
victoria en aficionados, y en toda una Subida a Gorla. Fue un triunfo
épico, por las condiciones climatológicas, en un día
infernal de frío y nieve. La carrera se acortó a sólo
40 kilómetros, pero desde abajo del puerto ya tenía la seguridad
de que iba a ganar. Llegué con dos alfus, Ismael Esteban y David
Pérez, y les gané al sprint. Las sensaciones que sentí
al volver a levantar los brazos no se me olvidarán jamás.
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Una vez recuperado empecé a preparar el Europeo de Estonia. Pese al parón que había tenido, entrené bien y llegué en buena forma a la cita. Me encontré muy bien en carrera, pero una caída me dejó sin opciones. A la vuelta de Estonia, comencé a pensar en los Mundiales, pero en las tres primeras carreras que corrí en Euskadi me fui al suelo. Eso hizo retrasar otra vez mi puesta a punto, pero en septiembre conseguí un buen estado. El seleccionador nos concentró en Segovia para decidir el quinteto del Mundial, y ahí me gané un puesto. Anduve mucho aquellos días y conseguí entrar en el quinteto que completaron Gilmartín, Antón, Redondo y Rojas. Sabía que no estaba como al principio de año, pero acudí a Verona con la intención de estar delante. Pero las cosas aquel día no salieron bien. Desde la salida no tuve buenas sensaciones y vi que no era mi día. Me escapé en las primeras vueltas para comprobar si solo era una cuestión pasajera, pero la cosa no mejoró. Nos cazaron a mitad de carrera y poco después me retiré. Regresé muy desilusionado, porque sentía que no había respondido a la confianza que habían depositado en mí. Afortunadamente, Óscar Guerrero me tranquilizó y me dijo que no me preocupara, que al año siguiente sería profesional. Le estoy agradecidísimo por cómo me ha tratado todos estos años. Algún día espero corresponder a la apuesta personal que siempre ha hecho conmigo. Conseguido mi primer sueño, ahora toca trabajar para ser un buen
ciclista. Mi objetivo es conseguir estar en profesionales el mayor tiempo
posible. Estar bien valorado en el pelotón e ir definiéndome
como corredor. En pros, ser completo no sirve de mucho, y creo que en
el futuro puedo llegar a disputar las vueltas pequeñas. Aunque
me gustan mucho las clásicas, por mi regularidad pienso que ahí
puede estar mi futuro. |
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| La temporada 2005 y el futuro
La verdad es que el balance de mi primera campaña profesional es, para mí, muy positivo. Al principio, siempre te impacta un poco la categoría, pero poco a poco me fui aclimatando conforme avanzaba la temporada y tuve la ocasión de disfrutar en Vueltas como La Rioja o Castilla y León, o en algunas de las clásicas franco-belgas de final de temporada. Esos días te ves cerca de la gente que disputa y eso es lo que más te motiva para trabajar de cara al futuro, para conseguir ser algún día el que esté disputando esas carreras. Aunque lo cierto es que el mero hecho de estar en un pelotón profesional
ya es motivo de orgullo después de tantos años soñando
con ello. Todo eso hizo que para mí 2005 fuera, sobre todo, un
año para disfrutar; aunque también pasé días
muy, muy malos a causa de las malditas alergias. Ojalá que no me
den mucho la lata en este 2006, porque es una temporada en la que me gustaría
dar un paso hacia delante. Sé que es muy complicado, pero creo
que puedo disputar alguna etapa o luchar por entrar en los top-ten de
las generales de las vueltas de cinco días. Es un reto difícil
y sé que va a costar mucho, mucho trabajo, pero de eso ya me encargo
yo. |
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